SER HUMANO EN EL SIGLO XXI

Atrévete a pensar

(Autor)

Estas líneas se concibieron iluminadas por la luz ambigua —crepuscular y auroral— del fin del segundo milenio de la Era Cristiana y el comienzo del tercer milenio. Sin pretensiones agoreras ni entusiasmos evangélicos. Su localización en el calendario es la mera coincidencia del tiempo biográfico del autor con el tiempo cósmico en su expresión histórica. El tiempo biográfico ha alcanzado ya la mayor parte de su recorrido y urge a una reflexión final. El tiempo histórico ofrece una singular coyuntura en la que se hace patente y se impone la necesidad de realizar la meditación personal con apertura global, como un foco en el que incide la experiencia acumulada de muchas generaciones anteriores y desde el que se diseñan modestamente algunas posibilidades para acciones acordes con la altura de los tiempos.
Se trata de llevar la conciencia de sí mismo a su nivel más alto posible, ahondar en el propio ser para saber a qué atenerse, para ser plenamente humano, pero no como una tarea privada, exclusivamente individual, sino, aunque muy modestamente, con apertura social. Ofrecer la propia experiencia a los demás por si pudiera servir a alguien. Cuando se sabe que la existencia humana se desarrolla en una atmósfera en la que se mezclan la confusión y la ignorancia con intereses espurios, no es pedantería sino solidaridad reflexionar en voz alta, aportar la opinión propia a los discursos del ágora; sin estridencia, sin altanería, sin rencor, sin sed de gloria, con sinceridad humilde, porque se hace desde el minúsculo rincón del propio saber.
Ser conscientes lo más plenamente posible. Esa es la tarea. Nada fácil, pues ahora, como en cualquier tiempo pasado, mil estímulos y las constantes necesidades vitales solicitan la atención personal en cada momento y la apartan de la tarea propuesta. Como el gusano de seda teje con su propia sustancia un capullo en el que se encierra y aísla del exterior, el animal humano construye con sus deseos, necesidades, proyectos, alegrías y penas un invisible vacío que aparta su conciencia de la profunda realidad. Pero en nuestros días, en las sociedades desarrolladas, hay factores nuevos que dificultan todavía más la tarea de henchir la conciencia hasta sus límites posibles. Por un lado, el fomento de la actitud consumista y la de espectador pasivo, fomento vehiculado con la máxima potencia por la televisión. Por otro lado, el ingente acervo de conocimientos a disposición, que no pueden ser abarcados por un solo individuo y que debe atenderse, empero, si no se quiere que la tarea se apoye sobre una base parcial.
El primer factor estorba, si no anula, la capacidad de recogimiento interior, necesario para una reflexión encaminada a esclarecer el propio ser. Hay un exceso de versión al exterior. La existencia personal se vierte en moldes prefabricados que parecen estar —o están— destinados a producir un placentero aturdimiento masivo que excita pasiones primarias sin ofrecer apoyos para una consideración profunda de las mismas ni de los hondos problemas que plantea la existencia humana. Es el triunfo del circo romano sobre el teatro griego. En la tragedia griega el espectador se enfrentaba con lo inexorable, con lo heroico, con la ambición voraz, con la traición, con lo vil; veía reflejada en la escena la condición humana. La tragedia griega, y su descendencia, da que pensar sobre sí mismo, sobre lo humano. Aristóteles atribuía un efecto catártico a la tragedia. Por el contrario, el circo romano, al margen de su crueldad —tan presente por lo demás en nuestras pantallas de cine y de televisión—, vacía sobre la arena la atención del espectador y arrebata a su espíritu toda intimidad.

Autor
Colección
Filosofía Hoy
Número en la colección
48
Materia
Filosofía
Idioma
  • Castellano
EAN
9788490450741
ISBN
978-84-9045-074-1
Depósito legal
GR. 1408/2013
Páginas
416
Ancho
13,5 cm
Alto
21,5 cm
Edición
1
Fecha publicación
05-09-2013
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