SECRETO PROFESIONAL MEDICO

Cuando el Profesor VERDÚ me ofreció su manuscrito, acepté encantado su propuesta de prólogo, llevado de la amistad que nos une y de un entusiasmo un tanto irreflexivo sobre sus contenidos. Posteriormente una sencilla reflexión me hizo comprender el despropósito que entrañaba.
Existe la tradición en el ámbito de la Medicina, y en general en el científico, de que todo ensayo médico debe ir precedido de un prólogo de presentación, y la propuesta de VERDÚ constituyó, por eso, un honor, como catedrático que soy de la Unidad Docente donde aquel trabaja, especialmente cuando el autor es el director del Departamento Universitario. Son muestras de amistad y de confianza difíciles de olvidar. Luego me di cuenta de que constituía una pequeña osadía por mi parte, porque un prólogo digno debe ser realizado por una conocida autoridad en la materia que avala su calidad y, no de cualquier modo, sino esforzándose en crear, en cada prólogo auténticas pequeñas obras científicas y literarias, sobre todo desde que así lo han impuesto las aportaciones que en su día realizaron MARAÑÓN, ó LÓPEZ IBOR, por solo citar dos grandes figuras, ya desaparecidas. Y aunque oficialmente tal vez se me pudiera considerar con alguna autoridad en el caso por mi condición universitaria, mi capacidad como literato deja bastante que desear.
Escribir un prólogo entraña además una gran responsabilidad. Prólogo proviene de la raíz griega «Logos», conocimiento, palabra o discurso. En el teatro griego y latino constituía el discurso que se recitaba antes de la representación de una obra, la explicaba y pedía benevolencia para ella. No es el caso de esta obra cuyo contenido no precisa explicación y mucho menos benevolencia, dada la calidad del contenido y, segunda dificultad, dada la misma formación, conocimiento y personalidad del autor. FERNANDO VERDÚ no solo reúne en su persona un largo ejercicio como médico forense y ser un veterano profesor de Medicina Legal, sino que el tiempo y sus características personales lo han ido subespecializando, dentro de la Medicina Legal, en Derecho Médico, y su inquietud y ágil pluma lo ha transformado en un excelente publicista médico de reconocida solvencia. Su buen hacer garantiza la fácil comprensión y la calidad del texto.
Sé que a muchos lectores les va a llamar la atención la vinculación que hago del tema con la Medicina Legal; alguno tal vez recuerde, si tuvo la suerte de recibir la docencia con buenos maestros, que el secreto médico se explicaba someramente en alguna lección de Deontología que se incluían entre las de Medicina Legal, pero la mayoría unirá el concepto de Medicina Legal a la practica de las necropsias judiciales por los médicos forenses en ambientes paupérrimos, mal dotados y propios de novelas de ciencia ficción.
Y esto es debido a que el concepto que se tiene de la Medicina Legal es francamente limitado, vinculado a la práctica forense; es más, la impregnación cultural anglosajona que nos invade, que tienen sistemas jurídicos diferentes, la limita aún más a la práctica tanatológica, olvidando la rica práctica clínica forense, traumática, médico-quirúrgica, sexológica, psiquiátrica, toxicológica, pediátrica o analítica.
Rara es la persona que, desde la esencia del mismo concepto médico-jurídico de la Medicina Legal, vincula el Derecho Médico y Sanitario, la Etica profesional (Deontología y Bioética), la Criminología o la Medicina Legal hospitalaria que son partes de la misma materia.
Desde otro punto de vista, en las obras literarias, el prólogo es un relato breve que sirve de antecedente o de preparación de la obra. Pero tampoco el secreto médico precisa de antecedentes porque va ligado íntimamente a la misma esencia del acto médico desde los tiempos más remotos de la Historia y aunque el mismo SHAKESPEARE ya dijo que el mismo pasado es un prólogo, el secreto médico está de rabiosa actualidad y hoy tienen poco que ver con el concepto romántico e idealista que lo inspiraba hasta la fecha.
Queda por último la acepción que hace de él una introducción, preámbulo o proemio que antecede a la obra con comentarios referentes a ella y, a veces, según MARÍA MOLINER, al autor. La calidad del manuscrito, su claridad, su contenido y el buen hacer de su autor limitan mucho las posibilidades que me quedan como prologuista. Desde estas posibilidades no me queda sino decirle al lector que, sencillamente, lo lea y compruebe estas afirmaciones.
El médico, por las características de su trabajo, que afecta a los valores y derechos fundamentales, es depositario obligado de las manifestaciones de la enfermedad; la enfermedad evidencia también muchas de las manifestaciones anímicas más variadas y obliga a la exploración de los más recónditos recovecos del cuerpo, de la mente y del alma.
Este hecho, fundamental, necesario e imprescindible hace obligado el secreto médico y, dada la complejidad del mundo de cada paciente, debe abarcar todo lo relativo a esa persona, a sus circunstancias y a su entorno.
Es evidente, por otro lado, que la Medicina ha cambiado y se ha hecho más compleja y debe desarrollarse en una sociedad igualmente evolucionada y complicada. En consecuencia también la consideración, valoración y exigencias del secreto han cambiado y hemos pasado de la obligación de guarda del secreto de modo absoluto e inviolable, como adjetiva el Juramento Hipocrático, a un secreto regulado, relativo muy matizado, condicionado por muchos factores.
Existen límites al secreto, determinados por el ordenamiento jurídico, por la misma ciencia, por la ética profesional, por la moral propia y por la misma sociedad que lo valora de modo cada vez más relativo. Las consultas colectivas, la hospitalización masiva, el trabajo en equipo, la presión creciente y el poder de los medios informativos que enfrentan de modo claro el derecho a la información y los derechos a la intimidad, el intervencio¬nismo siempre creciente del Estado, el propio concepto que se tiene del médico que ha pasado a ser un confidente a ser un funcionario, la propia caracterización del enfermo que se ha hecho usuario de la sanidad que se enfoca no como remedio sino como elemento de consumo, la propia cosificación del paciente, su despersonalización y la estandarización de la técnica de curar y su deshumanización, obligan a considerar el secreto médico desde planteamientos nuevos, acordes con las necesidades de la medicina, las exigencias de la sociedad y el propio respeto del médico y de su profesión.
En este mundo tecno-burocratizado, anónimo e impersonal, está sufriendo la intimidad. Solo se busca la eficacia y resultados en detrimento de las relaciones humanas. LÓPEZ AZPITARTE señalaba recientemente que el hogar aparece como uno de los pocos espacios donde se puede descubrir la relación personal, el contacto cercano, la aceptación amorosa; el sentirse como persona y no como instrumento. La evidencia de esta pérdida se manifiesta, por oposición en el pregón que se hace, cada vez con más fuerza, pregonando con fuerza el derecho a la intimidad Además, la intimidad se refleja en una zona mucho más profunda y escondida de la persona, reservada, íntima y exclusiva Las manifestaciones de pudor corporal y psíquico no son sino manifestaciones de esta intimidad. Precisamente a estos últimos reductos tiene entrada directa el médico con toda la autoridad que le confiere su misión y formación. Cualquier intento de penetración en estas zonas íntimas, se experimentan como una violación. Por eso la revelación de la intimidad es el mayor regalo que una persona puede hacer a otra, por eso esta otra persona reacciona normalmente con agradecimiento, aumento de la estima y aprecio, desaparición de las incomprensiones, y de todos los rigorismos. Por eso utilizar ese regalo para difundirlo, como si la intimidad de alguien nos perteneciera, se considera siempre como una enorme traición, mucho más cuando se hace con miras interesadas, buscando beneficios materiales, simple alivio a la carga que supone esta posesión de la intimidad del otro o refleja mera inconsecuencia y falta de interés o atención Mucho peor cuando se consigue a través de la fuerza, el engaño, la sorpresa, la indiscreción, la coacción o el chantaje.
En un mundo ávido de secretos, donde los éxitos televisivos se obtienen a través del voyeurismo colectivo; en el que el hombre se ha transformado en un devorador y consumidor de secretos e intimidades, que son siempre éxito editorial y fuente de satisfacción porque constituyen una demostración de poder sobre el otro. Sin embargo la importancia de este reducto aún es tan grande que muchas personas están dispuestas a sacrificar su vida antes de abrirlo al exterior. La Historia de la Medicina está llega de mártires médicos originados por la guarda de determinados secretos; y no precisamente en la antigüedad o en la era romántica del ejercicio abnegado; repasemos los últimos años de la historia de Europa y de España y cualquier médico puede referir y recordar casos grandiosos de sacrificio por motivos altruistas y éticos en el campo de la Medicina por parte de médicos que no han dudado en sacrificar su vida protegiendo el secreto de sus clientes. Los tratados de Deontología Médica tienen siempre como capítulo fundamental, el análisis del secreto profesional médico; sin embargo, al hilo de los criterios vigentes, muchas de las Bioéticas médicas modernas que tratan de sustituir a la Deontología, ignoran esta importante cuestión.
La utilización de protocolos personales archivados, los informes sobre declaraciones confidenciales, la consulta y confrontación con otros, los juicios paralelos y tantas otras manifestaciones que bordean lo legal y siempre se caracterizan por la falta de eticidad o por su inmoralidad plantean delicados problemas en relación con la guarda del secreto, a la custodia de documentos, a la determinación de lo público y lo privado, lo oculto y lo público. Estas situaciones han originado necesaria y continuamente conflictos entre el médico, los Tribunales de Justicia, Hacienda, la Administración Sanitaria y la propia oficina para la protección de datos cuya solución depende de la importancia relativa de los valores y derechos que entran en conflicto y que pueden llegar a ser motivo de multas, litigios y posible responsabilidad. De ahí la necesidad de que el médico cuente con una buena información, una excelente formación y una fina sensibilidad. Esta es la importancia que tiene el libro que hoy publica el Profesor VERDÚ y que me honro en encabezar: un tema universal de la Medicina trasladado al día de hoy; la sencillez del secreto médico, visto desde la complejidad e interacción del derecho a la intimidad en el contexto de los derechos del hombre y del enfermo en particular.
Se trata, por tanto, de una monografía no solo completa, sino necesaria que pone en su lugar y al día, un tema trascendental y tan delicado como el del secreto médico, un libro que va agotarse rápidamente no solo entre la clase sanitaria y médica, sino también entre los estudiantes los juristas y los estudiosos de la Bioética, la Deontología, la Etica y la Moral médicas.

JOSÉ DELFÍN VILLALAÍN BLANCO
Catedrático de Medicina Legal
Universidad de Valencia.

PRÓLOGO .
1. INTRODUCCIÓN .
2. CONCEPTOS GENERALES .
3. ASPECTOS DEONTOLÓGICOS .
4. ASPECTOS LEGALES .
5. MEDICINA DEL DEPORTE .
6. MEDICINA PERICIAL .
7. MEDICINA DEL TRABAJO .
8. MEDICINA DE URGENCIAS .
9. PSIQUIATRÍA .
10. ONCOLOGÍA .
11. VIH Y PATOLOGÍA ASOCIADA .
12. DOCENCIA DE LA MEDICINA .
13. MEDICINA INSTITUCIONAL .
14. EL PACIENTE MENOR .
15. OTROS SECRETOS POR CUIDAR .
16. LA INTIMIDAD ANTE EL TRIBUNAL SUPREMO .
17. CONCLUSIÓN .
18. ANEXO BIBLIOGRÁFICO .

Colección
MEDICINA LEGAL
Materia
MEDICINA LEGAL
Idioma
  • Castellano
EAN
9788484449775
ISBN
978-84-8444-977-5
Depósito legal
GR. 757/2005
Páginas
128
Ancho
17 cm
Alto
24 cm
Edición
1
Fecha publicación
16-06-2005
Número en la colección
2
Rústica con solapas
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