PERSONA: DESDE EL DERECHO ROMANO A LA TEOLOGIA CRISTIANA

En latín la palabra persona significaba originariamente máscara. Este libro se ha escrito con el propósito de reconstruir en la medida de lo posible el contexto y el desarrollo histórico-jurídico en virtud del cual la ciencia jurídica romana —la iurisprudentia— remodeló este concepto para hacer de él la forma técnica de nombrar al ser humano, considerado en su particular dignidad, dotado de responsabilidad, situado en el mundo de las relaciones jurídicas. No es una tarea fácil, dados los prejuicios con los que se suelen abordar los estudios sobre Derecho romano, habitualmente ajenos a los condicionantes históricos y culturales que marcan la génesis de sus nociones fundamentales. Soy consciente, por ello, de que el estudio aquí emprendido corre el inevitable riesgo de quedar relegado a una inhóspita tierra de nadie, repudiado por los juristas partidarios de un cómodo aislamiento, adoradores de una (problemática) intemporalidad de las categorías jurídicas «puras»; mientras que otros sectores de la investigación —filosofía, teología— podrán juzgarlo como una especie de intromisión ilegítima y prescindible en campos igualmente acotados de antemano. Sin embargo, el objetivo de determinar la génesis de la persona como categoría jurídica exige la superación de ciertos límites impuestos por razones de conveniencia académica. Así pues, defendemos que la persona es sin duda un concepto técnico-jurídico, pero que, al mismo tiempo, nace y se proyecta sobre otros ámbitos esenciales del universo cultural, tanto en el pasado como en el presente.
En el inicio de esta investigación conviene reparar en el dato de que el concepto jurídico de persona no surge como una categoría valorativamente neutra, como un término convencional sin implicaciones sustanciales. Por el contrario: en la persona confluye una compleja tradición sin cuyo conocimiento la noción misma se torna incomprensible. Constituye el fruto de una larga maduración cuyas raíces se hunden en el ámbito del Derecho romano más arcaico, pese a que su nacimiento tuvo que esperar varios siglos, al momento en que esa tradición multisecular entró en contacto con las florecientes disciplinas helenísticas de la gramática, la retórica y la filosofía moral, encuentro que tuvo lugar a lo largo del siglo II a.C.
La antropología romana del período más antiguo era también una teología. En el pensamiento arcaico –no sólo el romano– existe una continuidad entre los dioses y los hombres. Unos y otros participan de la racionalidad y de la inmortalidad, si bien es cierto que en el caso de los seres humanos estos elementos se muestran con una menor intensidad. La sociedad arcaica acepta con naturalidad la presencia de un parentesco de fondo entre las esferas de lo divino y de lo humano. Ni siquiera es posible delimitar con precisión ambos campos, dada la existencia de una rica multiplicidad de seres intermedios —dioses menores, héroes, espíritus, ángeles, demonios, almas de los difuntos— cuya compleja tipología impide trazar fronteras seguras. Cabría decir que la condición divina no se halla configurada como una cualidad excluyente. Por otra parte, los dioses y espíritus se manifiestan por medio de entidades visibles. Plantas, animales, objetos de las más variadas especies, artificiales o no, pueden servir de «cuerpo» a un dios o a un espíritu de forma más o menos prolongada y eficaz. Asimismo, la metamorfosis divina puede dar lugar a formas puramente aparentes, transitorias, sin consistencia material: por ello, sueños y visiones son instrumentos habituales de inter-relación.
El hombre arcaico sabe que todo está lleno de dioses. Este rasgo, que suele denominarse animismo, no conforma tan sólo una hipotética fase del pensamiento arcaico, superada cuando la sociedad llega a un nivel más alto de desarrollo cultural. Las cosas son más complejas. De modo que el animismo ha de contemplarse más bien como una constante de la forma humana de ver la realidad. Cuando, por ejemplo, los filósofos antiguos hablaban del número, de las ideas, del «alma del mundo» o del logos; y cuando en épocas más cercanas se apela a la Razón, al Espíritu, a la Materia, a la Naturaleza, al Progreso, a la Ciencia o a la Evolución, se atribuye a estas nociones —de modo más o menos consciente— una cualidad racional, viviente, operativa, en la que resuena el eco de una mentalidad animista mucho más cercana de lo que pudiera parecer: a un animismo «particularista», irreflexivo, ha podido suceder una tendencia animista de signo universal, revestida con el ropaje lingüístico de la ciencia y de la tecnología. El mundo no se deja «desencantar» tan fácilmente.

CAPÍTULO PRIMERO: LA NATURALEZA DE LOS DIOSES

Seres espirituales. Animismo. Numen
Dioses romanos
Virtudes divinizadas
Padre nuestro del Cielo
La teología tripartita de Quinto Mucio Escévola el Pontífice

CAPÍTULO SEGUNDO: HOMINES

Hombres y dioses
Humanitas: la universalidad de lo humano. El Derecho de los feciales
Homo como fundamento del status
Homo: un concepto jurídico

CAPÍTULO TERCERO: ANIMA, GENIUS, CAPUT

La estructura de la antropología arcaica
Animus y anima
Caput: sede de la vida
Caput: sede del genius
Caput y vida jurídica
Status. Capitis deminutio
Aristóteles y Cicerón. Polites y civis

CAPÍTULO CUARTO: CORPUS

Dualismo
Reivindicación del corpus
Corpus: realidad y metáfora
Tipos de corpora en la jurisprudencia romana

CAPÍTULO QUINTO: POPULUS, COLLEGIUM

Corpus y persona
Universitas
Populus Romanus
Nomen
La voluntas del populus Romanus
Identidad del populus en el tiempo. La función del nomen
Gens y nomen gentilicium
Séneca sobre el Princeps: caput y animus de la res publica entendida como cuerpo unificado
Corpus y persona singularis
Collegium. Corpus habere
Voluntas y principio de mayoría
Corporalización y personificación

CAPÍTULO SEXTO: OSCILLA, LARVAE, PHERSU, PERSONA

Máscaras contra el tiempo: Saturnalia
Elementos representativos del difunto: figurillas y os resectum
Argei, miles devotus y funus imaginarium
¿Cómo se hace presente el dios en la imagen? ¿Ídolo, signo o punto de encuentro?
Funus imperatorium
Cenotafios
Máscaras del mundo arcaico: Lupercalia, Paganalia, Compitalia, feriae Latinae
La máscara del suicida
Larva: el espíritu y la máscara en una palabra
Phersu y persona

CAPÍTULO SÉPTIMO: IMAGO, PERSONA

Figuras y máscaras funerarias
Culto a los antepasados: Lemuria y Parentalia
Las imagines maiorum
Triunfo: la representación viviente de Júpiter Óptimo Máximo
El retrato romano: consecuencia y expresión de una antropología de la persona
La introducción de la máscara teatral en Roma
Ludi scaenici

CAPÍTULO OCTAVO: PRESUPUESTOS ROMANOS DE UNA TEORÍA DE LA PERSONA

Rasgos de la antropología jurídica romana arcaica: prehistoria e historia de la persona
Personificación. Raíces de una figura retórica
Una vuelta a los orígenes preliterarios de la personificación: Agustín de Hipona
De la insuficiencia del pensamiento griego para construir el concepto de persona: el ciclo
El obstáculo de la especie
Una mirada esquemática sobre el concepto de libertad y responsabilidad en Grecia
Culpa, voluntas
La antropología de la voluntas: Grecia y Roma
Iustitia

CAPÍTULO NOVENO: DE PANECIO A CICERÓN SOBRE LA PERSONA

La teoría ciceroniana sobre la persona
La primera persona. Quod oportet, quod decet. Dialéctica y retórica
La segunda persona: el individuo
La tercera persona: casus, tempus
La cuarta persona: voluntas
Panecio: un estoico romanizado
Elementos gramaticales y retóricos en la teoría paneciana de la persona
Valoración general de la teoría de Panecio: Physis, logos y voluntas

CAPÍTULO DÉCIMO: DE QUINTO MUCIO ESCÉVOLA PONTÍFICE A GAYO.
LA CREACIÓN DEL CONCEPTO JURÍDICO DE PERSONA

Escipión Emiliano, Panecio, Publio Mucio Escévola
Juristas del círculo de Escipión Emiliano
Quinto Mucio Escévola Pontífice
Quinto Mucio Escévola y la tradición pontifical
La recepción del concepto de persona en el ámbito jurídico
Persona, concepto jurídico: el ser humano como sujeto de derechos y deberes
Persona y res. Cosas corporales e incorporales
Actio in rem, actio in personam
De Quinto Mucio Escévola hasta Gayo sobre la persona
Ficciones dogmáticas construidas sobre el concepto de persona

CAPÍTULO UNDÉCIMO: PABLO DE TARSO: VOLUNTAS, CORPUS, PERSONA

¿Por qué Pablo de Tarso?
Los mundos de Pablo
Estoicos y cristianos
La antropología paulina: imagen de Dios, imagen de Cristo
La voluntad en Pablo de Tarso
El Cuerpo de Cristo
In persona Christi

CAPÍTULO DUODÉCIMO:
TERTULIANO: LA RECEPCIÓN TEOLÓGICA DEL CONCEPTO JURÍDICO DE PERSONA

Tertuliano: jurista, teólogo, padre de la Iglesia
El Apologeticum y el estatuto jurídico de la Iglesia. Corpus como concepto jurídico
¿Es Tertuliano el jurista que aparece en el Digesto?
La antropología romano-cristiana de Tertuliano
La recepción teológica del concepto de persona


BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE DE FUENTES

Colección
Dº ROMANO Y C.J.E.: SEC. NEXUM
Materia
ENSAYOS
Idioma
  • Castellano
EAN
9788498369588
ISBN
978-84-9836-958-8
Depósito legal
GR. 1820/2012
Páginas
392
Ancho
17 cm
Alto
24 cm
Edición
2
Fecha publicación
19-06-2012
Número en la colección
9

Disponibilidad

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