LA REFORMA MILITAR DE AZAÑA

JUSTIFICACIÓN Y MÉTODO

En los primeros treinta años del siglo XX, en España, raras veces ocupó un ministro la cartera de Guerra más de unos meses. Manuel Azaña, por el contrario, permaneció en el Palacio de Buenavista, sede del Ministerio, durante dos años y cinco meses, siendo también presidente del Consejo de Ministros la mayor parte de este tiempo.
Entre el 14 de abril de 1931 y el 12 de septiembre de 1933, fecha de su dimisión, Azaña decretó, y las Cortes Constituyentes de la Segunda República Española aprobaron, lo que fue la mayor y más profundamente meditada reforma de la época. Cuando el 18 de julio de 1936 se produjo la sublevación militar que sumió a España en una guerra civil, poco quedaba de los otros caballos de batalla progresistas: la tenencia de la tierra y la separación de la Iglesia del Estado. La Reforma Agraria había sido desbordada por la apremiante sed de tierra de un campesinado propicio a la acción revolucionaria. Las órdenes religiosas seguían enseñando a pesar de la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas, abandonada por los gobiernos radical-cedistas de 1934 y 1935. Pero la reforma militar de Azaña seguía en pie, con muy ligeros retoques añadidos por los ministros Diego Hidalgo y José María Gil-Robles. El 18 de julio de 1936, por lo menos en aquellas guarniciones donde triunfó la sublevación, era evidente que el Ejército constituía una fuerza coherente y bien ?o al menos decentemente? pertrechada. Si el relativo buen estado del Ejército se debía a las mejoras recientes efectuadas por Gil-Robles en 1935, creemos poder demostrar, no obstante, que la obra del jefe de la CEDA sólo pudo realizarse gracias a la labor de Manuel Azaña y no a pesar de ella.
La obra militar de Azaña ha sido tratada con hostilidad por los historiadores, y aun los resúmenes más someros de la historia contemporánea de España rara vez omiten decir de Azaña que trituró al Ejército, añadiendo a veces opiniones tópicas sobre sus motivos. Este trabajo, no obstante, no se ofrece como una defensa polémica de Azaña. Sólo busca definir la naturaleza del pensamiento militar de Azaña, y comentar su aplicación, sobre el fondo de las exigencias bélicas de España y el de las limitaciones impuestas por el nivel social, político y económico del país en aquella época. Además, ningún estudio sobre las reformas militares de Azaña puede evitar el examen a fondo de las críticas expertas contemporáneas. Sólo así puede entenderse lo que Azaña se proponía realizar.
La reforma de Azaña dejó honda huella en la mente de la oficialidad española. Para algunos, que aceptan todavía la versión heredada, Azaña sigue siendo el monstruo, sospechoso de invertido, que trituró al Ejército por razones puramente sectarias, dejando a España indefensa, a fin de prepararla para su entrega a la masonería y el bolchevismo. Pero otros reconocen que las tres tareas fundamentales acometidas por Azaña ?reducir el exceso de oficiales, adecuar el Ejército a las necesidades y posibilidades de España y despolitizarlo? siguen teniendo actualidad. Hoy día es notable el renacimiento del interés por lo que hizo Azaña en 1931-1933. En parte para contribuir a satisfacer este interés, se ha efectuado esta investigación.
Nos proponemos examinar en detalle las principales líneas de la reforma: el retiro voluntario de oficiales y suboficiales, la reforma orgánica del Ejército, la reforma del reclutamiento de la oficialidad, la creación del Arma de Aviación, el establecimiento del Cuerpo de Suboficiales y la separación del Ejército de esferas de la vida que en opinión de Azaña deberían de ser puramente civiles. Enfocamos la cuestión desde varios aspectos:
a) La reforma de Azaña se llevó a cabo dentro de un marco europeo de pensamiento militar, de modelos de organización y de opinión sobre la relación entre la sociedad y sus fuerzas militares. A una consideración de las reformas de Azaña debe proceder, por consiguiente, un estudio de las cuestiones militares de la época, incluyendo un breve examen de cómo se reflejaban en los principales ejércitos europeos y cómo se veían desde España.
b) Azaña no era ajeno a tales cuestiones militares. Al contrario, había examinado a fondo la cuestión militar como resultado de su estancia en Francia y sus visitas a los frentes durante la primera guerra mundial. Si los móviles que le impulsaron a reformar el Ejército eran «correctos» (palabra que tiene su carga de subjetivismo si se aplica a la política y al trabajo del historiador cuando considera esta política) es otra cuestión. Pero no puede decirse que Azaña y sus colaboradores emprendiesen la tarea sin estar preparados para ella. Un estudio de la reforma de Azaña debe considerar esta preparación en algún detalle.
c) Hacía más de cuarenta años que los ministros de la Restauración, comenzando por el general Cassola y pasando por López Domínguez, Luque, Marina, De la Cierva, Alcalá-Zamora y Primo de Rivera, se esforzaban por reformar las más obvias deficiencias del Ejército español. Azaña debe ser considerado como un hito en el camino. A continuación, Gil-Robles efectuó ciertos cambios. Después de la guerra de 1936-1939, los ministros de Franco se enfrentaron con los mismos problemas, modificados, naturalmente, por las circunstancias del momento. De ahí que se imponga un estudio de las reformas del Ejército español en la coyuntura de 1931.


FUENTES

Sobre la reforma Azaña hay abundantes fuentes, aunque no todas las que el estudioso desearía. De Azaña hemos empleado, tomados de las Obras completas?1, Los estudios de política militar francesa, varios artículos periodísticos y conferencias sobre Francia y España, especialmente Memorial de guerra y La Dictadura en España. Los Diarios íntimos y los Cuadernillos de apuntes ofrecen entresijos muy interesantes.
Para las Memorias políticas, fuente integrante y aleccionadora, pero decepcionante por sus omisiones y por haber sido escrita aparentemente con vistas a su publicación, hemos empleado la edición de la Editorial Alfrodisio Aguado?2, por ir las Memorias intercaladas con los Discursos. Las referencias a las Memorias, sin embargo, se citan según sus fechas.
Los Discursos ofrecen el pensamiento de Azaña refinado y puesto a punto con fines oratóricos. Es cómodo estudiarlos en una edición de las Obras, pero nos ha parecido más apropiado leerlos también en su contexto, es decir, en el Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes. Sin embargo, Azaña apenas tomó parte en los pocos debates que hubo sobre la cuestión militar en las Cortes Constituyentes, en las cuales participaron principalmente militares como el general Fanjul, y Tomás Peire, con escasa asistencia de los diputados. Es notable, además, que cuando Azaña hablaba en las Cortes sobre el Ejército no se le interrumpía, honor raramente concedido en aquella legislatura. Por esta razón nunca se vio obligado a contestar exabrupto. Los Consejos de Ministros también aprobaron los decretos de reforma militar sin discusión 3. En consecuencia, las discusiones políticas no dan idea de lucha ni forcejeo, donde hubiera podido verse a un Azaña luchando e improvisando en el calor del momento.
Examinar la reforma militar de Azaña requiere investigar las manifestaciones de hostilidad hacia ella. Por tanto, hemos considerado un muestrario de la prensa, en especial de la prensa militar de la época, además de obras que examinan y atacan la reforma, tales como las del general Mola 4 y de los jefes y oficiales Cebreiros 5, Pérez Salas 6 y Antonio Cordón 7. También es importante consultar lo que otros ministros de la Guerra han escrito de sus períodos de responsabilidad, como Niceto Alcalá-Zamora?8, Juan de la Cierva 9, Diego Hidalgo 10 y José María Gil-Robles 11. El decir que Azaña hace talo cual cosa sólo es útil en el contexto del hecho y en el de la paralela actuación de otro ministro en semejante situación. Y en el de cómo efectuaría Franco las necesarias reformas en los años cincuenta y sesenta.
En la historiografía española tropezamos frecuentemente con la ausencia de memorias o diarios o documentación asequible. Ninguno de los componentes del Ministerio de la Guerra en los tiempos de Azaña ha dejado memorias: ni el subsecretario Ruiz-Fornells, ni el jefe del Gabinete Militar, Hernández Saravia?11a, ni el jefe del Estado Mayor, Goded.
La documentación del Ministerio de la Guerra de 1931-1933 no está en ninguno de los archivos oficiales, ni en el Ministerio de Defensa Nacional, ni en el Archivo Histórico Militar de Segovia, donde lógica ?y nos parece que reglamentariamente? debería encontrarse. Es posible, por las costumbres de trabajo de Azaña, según puede colegirse de las Memorias, y por el cambio completo operado en el funcionariado del Ministerio al llegar él, que nunca existiesen documentos tales como órdenes del día, actas de reuniones de comisiones y juntas, memorandos de opiniones y borradores de decretos y órdenes circulares comentados por personas cuyas opiniones se solicitaran. Puede ser que, efectivamente, lo único que exista se encuentre en los expedientes personales de los jefes y oficiales del Ejército. Si existiese más material, sólo podemos suponer que desapareció en el caos del Ministerio en 1936 y en los trastornos de las mudanzas a Valencia y a Barcelona durante la guerra civil. La documentación quizá acabó como combustible de las hogueras de papeles oficiales antes de que el gobierno emprendiese el viaje a Francia.
A falta de esta documentación, hemos estudiado día tras día el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, que, aunque no da el calor y la inmediación que hubiéramos esperado encontrar en los documentos, nos ofrece, en cambio, un océano de detalles necesarios para reconstruir, en la medida de nuestras posibilidades, lo que aconteció. Por otra parte, al ir los textos de los decretos en el Diario Oficial, este órgano técnico se constituyó en el vehículo para la presentación al Ejército del pensamiento azañista. El Diario Oficial del Ministerio de la Guerra?12 y los Anuarios Militares de España, que contienen un pozo inagotable de datos sobre el Ejército, son instrumentos indispensables de trabajo.
Queremos expresar nuestro reconocimiento a la Polytechnic of Central London, hoy Universidad de Westminster, por la concesión de una excedencia para preparar parte de este trabajo; a la British Academy, por una generosa ayuda que financió un viaje a Madrid para recoger datos; a los señores generales directores de la Escuela de Estado Mayor y del Servicio Histórico Militar en Madrid y al personal de este último; al lamentado profesor Tuñón de Lara, quien nos animó a emprender este trabajo, y a aquellas personas, militares y civiles, que amablemente nos comunicaron sus consejos y opiniones. La responsabilidad por lo que se dice en este libro es, por supuesto, enteramente nuestra.

M. A.

PRÓLOGO
Justificación y método
Fuentes

PREFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN


PRIMERA PARTE
EL CONTEXTO

1.
La política militar europea, 1870-1914

2.
Fuentes y desarrollo del pensamiento militar de Azaña, 1903-1924

I. ACLARACIÓN DE LEYENDAS
II. EN ESPAÑA Y EN PARÍS
III. 1914-1918
IV. LOS ESTUDIOS DE POLÍTICA MILITAR FRANCESA
V. OPINIONES DE AZAÑA SOBRE EL EJÉRCITO ESPAÑOL

3.
La política militar europea en los años veinte vista desde España

I. FRANCIA
II. ALEMANIA
III. LA PERSPECTIVA DESDE ESPAÑA

4.
Las reformas en el Ejército español

I. EL SIGLO XIX. MOVILIDAD Y CATEGORÍA SOCIALES: EL EXCESO DE OFICIALES
II. LAS REFORMAS MILITARES DE LA RESTAURACIÓN
III. LAS JUNTAS DE DEFENSA Y LA LEY DE BASES DE 1918
IV. LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA

SEGUNDA PARTE
LAS REFORMAS DE AZAÑA

5.
La llegada de Azaña

I. EL EJÉRCITO DE 1931
II. LLEGADA AL PODER Y PRIMERAS MEDIDAS
III. LA PROMESA DE FIDELIDAD A LA REPÚBLICA
IV. CAMBIOS DE MANDOS

6
El decreto «de retiros»

I. EL DECRETO
II. COMENTARIO
III. MODIFICACIONES EN EL DECRETO
IV. RESULTADO DEL DECRETO
V. MOTIVOS DE LOS RETIRADOS Y CAMBIOS ESTRUCTURALES RESULTANTES
VI. CRÍTICA DEL DECRETO DE RETIROS
VII. ALTERNATIVAS

7.
Azaña y los militares: destinos, ceses y ascensos

I. DESTINOS
II. RETIROS DE GENERALES
III. ASCENSOS
IV. LOS ASCENSOS POR ELECCIÓN
V. LOS ASCENSOS POR MÉRITOS EN CAMPAÑA
VI. RESULTADO DE LA REVISIÓN DE LOS ASCENSOS POR MÉRITOS EN CAMPAÑA
VII. LA LEY DE RECLUTAMIENTO Y ASCENSOS
VIII. GUERRA CIVIL Y DESPUÉS

8.
La democratización del Ejército

I. LOS SUBOFICIALES Y LA ESCALA DE RESERVA
II. LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA OFICIALIDAD
III. LOS CAMBIOS DE DIEGO HIDALGO Y DE GIL ROBLES
IV. LA GUERRA Y DESPUÉS
V. LA ENSEÑANZA MILITAR Y EL CIERRE DE LA ACADEMIA GENERAL
VI. LA CRÍTICA DE LA DEMOCRATIZACIÓN
VII. EL PAPEL DEL GABINETE MILITAR: LOS DESTINOS

9.
La separación del Ejército de la vida civil

I. LA DEROGACIÓN DE LA LEY DE JURISDICCIONES
II. REFORMA DE LA JURISDICCIÓN MILITAR
III. SUPRESIÓN DEL CARGO DE CAPITÁN GENERAL
IV. DISCIPLINA INTERIOR: EL CASO MANGADA
V. LA «TRITURACIÓN» DEL EJÉRCITO

10.
Reorganización y modernización

I. LA REORGANIZACIÓN
II. MARRUECOS
III. LA MODERNIZACIÓN: LOS PRESUPUESTOS Y LOS GASTOS EN MATERIAL DE GUERRA
IV. EL CONSORCIO DE INDUSTRIAS MILITARES
V. AVIACIÓN

CONCLUSIÓN

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

Colección
COMARES HISTORIA
Materia
NO¦JURIDICO, HISTORIA
Idioma
  • Castellano
EAN
9788498364132
ISBN
978-84-9836-413-2
Depósito legal
GR. 1558/2008
Páginas
248
Ancho
16,5 cm
Alto
24 cm
Edición
1
Fecha publicación
22-07-2008
Rústica con solapas
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